ANDRESMONTALVANCUELLAR

EL HOMBRE QUE CAMlNA.

 

I

 

La escultura cabana (y dentro ella especifcarnente la que se desarrolla en la lsla) ha sido objeto de disimles avatares. Ella, más que ninguna manifestación de nuestras artes plasticas, se ha visto plegada a depedencias tematicas y formales que vehiculen su realizaciôn. La propia creacion de CODEMA ha tenido que ver con este proceso y si de un lado daba un impulso a rnanifestacion tan dificil, del otro potenciaba este tipo de problema. Me refiero fundamentalmente a una vertiente de nuestra escultura imposible de concretarse sin el apoyo oficial y cuyo concomitante es precisamente ese sector, o sea. la denominada escultura monumental y en cierto modo, la ambiental.

 

Fuera de este campo la escultura ha tenido periplos bien dificiles, irnpuestos las más de las veces por la ausencia de los requerimientos basicos para su realizacion. Añadamos a esto el cierto menosprecio par parte de la critica y el sector especializado a este modo de hacer.

 

Por supuesto pretender el eslinde estricto de manifestaciones es un empeño harto complejo y muchas  veces sin objeto como mismo seria la catalogacion de ismos en medio de la atomizacion de significantes que distingue el arte de hoy. La obra muchas veces se mueve flirteando multiples coordenadas y el artista mismo ya no es posible etiquetearlo. El arte. incluso mereceria un replanteo.

 

Si toda esta voragine de desplazamientos, esta imposibilidad de definiciones, atacan al minimo y casi siempre apacible (impasible?) espacio de la galeria, que podemos esperar devueltos ya a la vida? El hombre en medio de un mundo cada vez mas unico y plural, mas indomito y cercano esta abocado a una redefinicion (en primera instancia interior) como unico modo efectivo de supervivencia.

 

II

 

El hombre solo vive un dia.

    Que es el hombre? Que no es.

                 No es más que la sombra de un sueño.

                                                          (Pitica. VIII. 95-97)

 

 

La vida del hombre transcurre en el perpetuo intento por superar su nulidad. Asirse a ese hilo que como registro horizontal verifica su existencia, le ha hecho pensar que a veces camina. Sigue sin embargo alli donde siempre, sujeto a iguales miedos y añoranzas. En este bregar interno su historia verifica tambien un seguro cosmos vertical perpendicular al eje horizontal en que transcurre su vida como género.

La idea de la seguridad racional cede el paso cada vez mas al tormento de la existencia, donde la esencia dramatica de lo inevitable marca su destino. Comienza entonces la mirada atrás (sin renunciar a la mirada arriba) y el descubrimiento de un complicado recinto de retruécanos infranqueables donde apenas si atisbamos el camino marcado por nosotros mismos. Unos pocos rasgos, balbuceos: cetro y ascenso vuelo y caída, encrucijada. Esos pocos signos suficientes parecen albergar el destino del hombre -su eterna busqueda- que la permite acaso trascenderse a si mismo como brotoi accediendo a la confusa espiral precedida del Caos y cuyo final escapa ante nosotros ilimitado. Las asideros seguros estaran entonces dentro, en nuestros ensueños y pasiones, nuestras reflexiones y duda  nuestras vivencias diarias, nuestra imposibilidad.

 

En este reconocimiento no importan ya tanto las convicciones logicas de una historia depurada, convincente, lineal, sino las zonas del recuerdo, la vivencia. La vida asoma como el escenario obicuo donde el hombre accede como puesta única a una representacion que desconoce y a tiempo que la va abandonando. La luz tenue se resiste a revelar el secreto mientras avanzamos? Descalzos hacia nosotros rnisrno, cegados por pinaculos de avaricia: esas mismas estructuras que devenidas mecanismos de ascenso de poder, transmutan en incomunicacion. El boicot del hombre al hombre mismo

 

Nos queda acaso calibrar nuestras fuerzas-centripedas y centrifugas- sin pretender con ello otro mito imposible (demasiadas demencias nos laceran). Bastaria, con los ojos cerrados. adentrarse en lo profundo no importa ya si el estigma de seres unsipenes nos compulsa y aunque tengamos que asumir -Ay.origenes!- la predisposicion de nuestras almas al mal par la tangencia de un cuerpo lo terrible es aceptar la evidencia de las alas quebradas y de un cielo tan alto.

 

Montalvan y Olivera acatan en sus obras renunciando al sello autotelico para adentrarse en el hombre. La mistica de materiales pristinos evidencia el trabajo no solo con la madera o el metal sino con el fuego, luz, ausencia, signos vitales que convocan a la redefinicion o al menos al cuestionamiento emplazado aqui desde una zona bien merecida si entendemos al hombre como la escultura primigenia esa vez a manos divinas

 

El arte mismo deberia regresar a sus comienzos cuando aún no sabia que existia, renunciando al aureo mito-corolario de siglos pretensiosos- que lo aleja de lo humano. Entonces cuando el hombre este de vuelta ante si mismos y abrace eike y ennous como unicos, cuando se asuma asi renunciando a la idea de sertorio que lo olvida de si-solo entonces- sabra el hombre que camina.

 

Janet Batet

Junio 1996

 

Exposicion “El hombre que camina” . Centro Provincial de Antes Plasticas y Diseñdo. Ciudad de la Habana.

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